Balance de la EPA: Los déficits de la industria recaen en sus trabajadoras

  • Las mujeres siguen soportando los mayores índices de temporalidad. Son más precarias y cobran peores sueldos que sus compañeros

La Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre arroja un crecimiento anual de 90.600 personas asalariadas en el empleo industrial, por lo que 2.485.300 prestan su trabajo en la industria (3,8% más que hace un año). En comparación con el segundo trimestre son 12.100 más (0,5%). Se consolida así la tendencia de crecimiento, pero en estos sectores de actividad cae el número de trabajadoras y aumentan las paradas.

25/10/2018. CCOO de Industria
Falta una política industrial clara y definida

Falta una política industrial clara y definida

Pese a que el empleo femenino muestra más dinamismo en términos anuales, al crecer un 7%, mientras que el masculino crece un 2,7%, desacelera respecto a los trimestres anteriores, y se estanca respecto al segundo trimestre de 2018. Así, este tercer trimestre se cierra con una población asalariada industrial de 652.000 mujeres (un 0,3% menos que en el segundo trimestre de este mismo año) y 1.883.300 hombres.

Sin duda, otro rasgo imbricado en la genética del empleo español es la precariedad -fraudulenta en la mayoría de los casos- que sigue repuntando en el tercer trimestre de 2018. En la economía afecta al 27,43% de las personas trabajadoras, y en el sector industrial al 21,12%.

Uno de los síntomas de la precariedad es la rotación, que sigue en una tendencia imparable: entre el 01 de octubre de 2017 y el 30 de septiembre de 2018 se registraron 2.283.962 contratos laborales en el sector industrial español, comparados con los 90.600 empleos industriales generados arroja una tasa de rotación de 25 contratos por cada empleo nuevo, una tasa que avanza de manera contundente trimestre a trimestre. Más del 90% de estos contratos registrados es temporal.

Otra de las manifestaciones de la precariedad, la desigualdad, sigue acrecentándose y conforma uno de los pilares de una dinámica de crecimiento injusta e insostenible. Las mujeres soportan más temporalidad que los hombres. Entre el empleo femenino alcanza una tasa del 23,4%, al afectar a un total de 152.500 mujeres. Mientras, la temporalidad entre sus compañeros es de 3,1 puntos menos, al afectar a 372.300 hombres. Las compañeras de la industria soportan mayor precariedad y unos salarios menores que los trabajadores.

Por su parte, el desempleo industrial ofrece mayor resistencia y crece en el último año, puesto que hay 5.800 personas desempleadas más que en el tercer trimestre de 2017. Este incremento se debe al crecimiento del desempleo entre las mujeres trabajadoras del sector, cuyo número ha crecido en 11.500 personas en el último año (un 24% más que hace un año) según la EPA, mientras que el de sus compañeros se ha reducido en 5.700. En los últimos doce meses, el desempleo solo crece en la industria.

Ni política industrial ni igualdad

La carencia de una política industrial clara y definida y el pausado ritmo con el que se aplican las políticas de igualdad, ha cristalizado, según CCOO de Industria, en este anacronismo del paro industrial y en el incremento de la desigualdad de género.

CCOO de Industria insiste en la necesidad de acometer una política industrial que transcienda las legislaturas, con objetivos definidos y estables, pero con la flexibilidad necesaria para hacer frente a los retos de futuro.

Asimismo, deben ser ejes vertebradores y fundamentales del diseño de dicha política la inclusión de planes específicos de rejuvenecimiento de las plantillas (contrato de relevo) y planes de igualdad que promuevan el empleo femenino de calidad en el mercado trabajo.

En este escenario, CCOO sigue reclamando un Plan Estratégico Industrial como eje esencial para afrontar los cambios que garanticen un sector industrial inclusivo y sostenible. Para el sindicato es un objetivo estratégico prioritario la inserción de alta calidad en el sistema productivo global. Para ello se requiere una planificación a medio y largo plazo de las inversiones en I+D+i, capital humano y generación de competencias y habilidades sectoriales y el crecimiento de la utilidad y del valor de las infraestructuras físicas y tecnológicas.

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