CCOO de Industria | 14 abril 2026.

La precariedad golpea con más fuerza a jóvenes y a mujeres migrantes en la industria y el campo

  • Casi 650.000 personas trabajadoras de nacionalidad extranjera desarrollan su actividad en los sectores del ámbito de CCOO de Industria, el 21,6% del empleo asalariado migrante en España
  • La reforma laboral y la acción sindical reducen de forma notable la temporalidad. La precariedad afecta con mayor intensidad a este colectivo en el campo y en la industria alimentaria

Hoy 18 de diciembre, Día Internacional del Migrante, se publica el informe “Situación sociolaboral de las personas migrantes en el ámbito de CCOO de Industria 2025”, con datos cuantitativos de la EPA del tercer trimestre. Se complementa con testimonios de personas migrantes que trabajan en la industria y en el sector agrario.

18/12/2025. CCOO de Industria
CCOO de Industria conmemora el Día del Migrante con un informe sobre su situación sociolaboral

CCOO de Industria conmemora el Día del Migrante con un informe sobre su situación sociolaboral

En España trabajan por cuenta ajena cerca de tres millones de personas extranjeras, el 15,7% del total de la población asalariada. De ellas, 648.319 lo hacen en sectores productivos competencia de CCOO de Industria, una cifra que ha crecido de forma sostenida desde 2019.

La reforma laboral ha tenido un impacto positivo en la reducción de la temporalidad entre las personas migrantes. En el ámbito de CCOO de Industria, la tasa de contratos temporales ha caído del 43,6% en 2019 al 18,5% en 2025, aun así, está 8,5 puntos por encima del de la población trabajadora española, lo que evidencia una desigualdad estructural en el acceso a la estabilidad laboral. Esta brecha se amplía entre las personas más jóvenes, ya que casi el 31% de la población extranjera ocupada en estos sectores tiene menos de 35 años, una franja de edad en la que la contratación temporal y los contratos estacionales son especialmente frecuentes.

La precariedad se concentra especialmente en el sector de materias primas, y de forma muy acusada en el campo, donde el 38,5% de la población asalariada es extranjera y la temporalidad alcanza el 33%. Además, este sector registra las jornadas más prolongadas. El 5% de las personas migrantes trabaja de forma habitual cincuenta horas o más a la semana, una proporción muy superior a la media del ámbito. Esta realidad afecta de forma directa a la juventud migrante, que encuentra enormes dificultades para acceder a empleo estable y a trayectorias laborales con derechos.

Otro de los grandes problemas detectados es el subempleo. Más de doscientas mil personas trabajadoras extranjeras, el 31% del total, están contratadas en categorías profesionales por debajo de su cualificación, frente al 27,2% en el caso de la población española. Esta situación vuelve a ser especialmente grave en el campo y en la industria alimentaria, donde se concentran casi dos tercios de las personas migrantes subempleadas.

Es en el sector agrario donde trabaja Djime Dembele. Llegó en patera en el año 2014 procedente de Mali y actualmente vive en Archena (Murcia). Lamentablemente, no halló todo el respeto que esperaba encontrar cuando llegó a las costas españolas. Suele trabajar por horas o a destajo, le pagan menos de lo que le prometen y le descuentan el transporte. “Los jefes pagan lo que quieren y, si reclamo, no trabajo más”, denuncia. Aunque Djime había terminado bachillerato cuando llegó a España y estudió instalación de placas fotovoltaicas en Málaga, solo trabaja en el campo. “Aquí todos somos africanos y debemos aceptar lo que nos quieren dar”. 

La precariedad se intensifica aún más en el caso de las mujeres migrantes, que sufren una doble discriminación por razón de género y origen. En los sectores de CCOO de Industria trabajan 165.475 mujeres extranjeras, de las cuales el 23,7% tiene un contrato temporal, más del doble que las mujeres españolas. En el sector agrario, esta tasa se dispara hasta el 36,5%, evidenciando una precariedad estructural que se ceba especialmente con ellas.

Judith Angue llegó a España desde Guinea Ecuatorial en el año 2004 con la esperanza de encontrar un buen trabajo y mejorar su vida, pero sintió racismo desde el primer momento, por su color de piel y por ser mujer. Vive en Cariñena (Zaragoza), trabaja en el campo envasando cebolla y lamenta que las personas migrantes sean “más fáciles de engañar”. Denuncia que durante años las empresas se aprovecharon de su situación. La trataron como mercancía. No tenía horario fijo, no tenía calendario laboral, hacía muchas horas, cotizaba solo por los días trabajados y sufrió una discriminación constante. Reconoce que conocer antes las leyes laborales le habría ayudado a defenderse mejor y subraya que, gracias a la organización sindical, “ahora tenemos horarios, nos pagan lo que corresponde y nos respetan”. Para Judith, aprender el idioma, conocer lo básico de la legislación laboral, organizarse y reforzar el control sobre las empresas es clave para acabar con la explotación.

Subempleo por sobrecualificación

Además de la temporalidad, las mujeres migrantes padecen con mayor intensidad el subempleo. Casi el 40% trabaja en grupos profesionales por debajo de su cualificación, una situación que limita su desarrollo profesional y cronifica la desigualdad salarial. A ello se suma el subempleo por insuficiencia de jornada: Una de cada cuatro mujeres migrantes con contrato a tiempo parcial afirma querer trabajar más horas, especialmente en sectores como el campo, la industria alimentaria y movilidad.

Alina, de origen rumano y durante muchos años trabajadora y delegada de CCOO en el sector agrario, denuncia las duras condiciones en las que fue contratada. “He encontrado de todo”, lamenta. “Al principio lo pasé un poco mal”, añade. Vivió racismo, sufrió xenofobia y padeció un daño psicológico grave, con insultos incluidos. Reconoce que si hubiera conocido antes la legislación laboral, no hubiera tardado tantos años en reclamar lo que le correspondía. Admite también que las expectativas que tenía cuando llegó a España a trabajar estaban muy por encima de lo que se encontró. “Pensaba que era un país en el que todo el mundo respetaba las normas”, denuncia ahora. Aunque no quiere generalizar, sí reconoce que en algunos sectores abundan los prejuicios sobre las personas migrantes.

Las jornadas prolongadas son otro elemento de precariedad que afecta de forma desproporcionada a la población migrante más vulnerable. El informe señala que el 9% trabaja habitualmente más de 40 horas semanales, un porcentaje que aumenta en materias primas y que impacta especialmente en jóvenes y mujeres, muchas veces sin compensación salarial ni conciliación posible.

Lo confirma Armanda Nchama, trabajadora de la industria cárnica desde hace varios años (Zaragoza). Su experiencia no ha sido buena. “Aquí somos todos migrantes”, apunta. “Y el rumano está por encima del negro”, denuncia. Lamentablemente, el color de la piel sigue marcando la diferencia. En 2019 fue elegida delegada de CCOO en las primeras elecciones sindicales que se celebraron en su empresa. Aunque le ha costado mucho hacerse respetar “porque era mujer, negra e inmigrante”, no se arrepiente de la decisión que tomó, pero “estaría encantada” de tener más herramientas. Sufrió racismo y acoso sindical. La Justicia le dio la razón y ahora va más tranquila al trabajo. “Nací en Guinea, pero cotizo aquí, trabajo aquí y es aquí donde tengo que defender mis derechos”. Recuerda que en 2024 vivió un antes y un después. “Dijimos ‘hasta aquí hemos llegado’. Nos armamos de valor, dejamos el trabajo, salimos a la calle y cobramos la bolsa de horas”.

La población trabajadora migrante por territorios

En cuanto a la distribución territorial, la población trabajadora migrante se concentra fundamentalmente en las comunidades con mayor peso industrial y agroalimentario. Catalunya agrupa al 25,6% de las personas extranjeras del ámbito, seguida del País Valencià (14,6%), Andalucía (12,5%), Madrid (9,9%) y Murcia (8,6%). Esta distribución reproduce en gran medida el mapa productivo del país, aunque en algunos territorios el peso de la población migrante en el empleo industrial es especialmente elevado.

El informe destaca que en varias comunidades autónomas la precariedad laboral afecta con mayor intensidad a la población migrante, especialmente en términos de temporalidad. Salvo en Euskadi y Asturias, la tasa de contratos temporales es significativamente más alta entre las personas extranjeras que entre las españolas, con especial incidencia en territorios como Extremadura, Murcia, Aragón y Castilla-La Mancha. En estas comunidades, el peso del empleo agrario y estacional explica en gran medida una precariedad estructural que golpea con más fuerza a jóvenes y mujeres migrantes, consolidando desigualdades territoriales que requieren una respuesta sindical específica y políticas públicas adaptadas.

Pese a los avances derivados de la reforma laboral y la acción sindical, los datos muestran que persisten importantes desigualdades que afectan a las personas migrantes en los sectores industriales y productivos, y que siguen teniendo un claro sesgo de edad, género y origen. 

CCOO de Industria apuesta por devolver la dignidad y la verdad a quienes han tenido que abandonar sus familias, amistades o lugares de origen en busca de un futuro mejor, o simplemente de un futuro, frente a los discursos de la derecha y la ultraderecha que pretenden señalar, dividir y deshumanizar. 

En este sentido, el sindicato hace un llamamiento a toda su afiliación y al conjunto de la clase trabajadora a combatir los discursos y actitudes de odio, racistas y discriminatorias, y a prevenir y actuar frente a cualquier desigualdad que se produzca en los centros de trabajo, especialmente cuando tenga un carácter discriminatorio.