CCOO de Industria | 23 febrero 2025.

Artículo de opinión 28 de Abril, Día Internacional de la Seguridad y la Salud en el Trabajo

Un muerto cada dos días: La vida a precio de saldo

    A José Antonio, con cuarenta y un años, el amianto le devoró los pulmones. Fue la semana pasada. A Óscar, Victoriano y Daniel, cuyas edades sumadas no alcanzaban los noventa años y todavía vinculados a la universidad, el techo de una mina los dejó para siempre en el subsuelo. Esto ocurrió en Súria, lo recordarán. Álvaro y su compañero, en Calahorra, soldando un hilo de un tanque de combustible, le sobrevino la explosión y el fuego les abrasó. Y como Josean, Óscar, Victoriano, Daniel y Álvaro, casi novecientas personas en 2022 que, de uno u otro modo, que sepamos, nos dejaron para siempre. 

    28/04/2023.
    28 Abril, Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo

    28 Abril, Día Mundial de la Seguridad y la Salud en el Trabajo

    Cuentas y no cuentos que dice el aforismo. Desde esta responsabilidad que se me atribuyó hace casi dos años, quiero declarar que, para el equipo de salud laboral -extensible a todos los niveles-, todos los días son 28 de abril. Por eso no invertimos en fuegos de artificio en este día más allá del rigor de las acciones que desarrollan nuestros cuadros en los distintos territorios y que bien puede desarrollarse cualquier otro día, o la acción sostenida en las distintas empresas y distintos centros de trabajo por los delegados y delegadas de prevención, y que mitiga -nunca lo sabremos con certeza-, esta insoportable lacra. 

    Pero si sólo de los accidentes traumáticos vive la estadística -pocos se rescatan de los no traumáticos como ictus o infartos-, tenemos la obligación de sacar un fenómeno mucho más aterrador que, por invisible, campan a sus anchas a cuenta de la avaricia de unos pocos sin escrúpulos: las enfermedades profesionales. Si un puñado de casos reconocidos como enfermedades declaradas como profesional se detectaron en 2023 -un dato que ofende al más tonto del lugar-, ceteri paribus, que dirían los economistas, en torno a un 20-25% estarían en nuestros sectores y subsectores; en nuestra Federación. Habida cuenta de que lo mejor diagnosticado, aunque no por ello más controlado, es el amianto, las cuartillas compiladas con los productos químicos de cualquier puesto de trabajo, siempre y cuando medie la decencia en su identificación, supera las decenas de caso promedio (fichas toxicológicas); y algunas de ellas en la categoría de cancerígeno, ahora o en el futuro, sin exposición segura hasta que te enfrentas a un tirano y la necesidad te ahoga; ahí las tragaderas se amplían porque las deudas amenazan con acumularse en el buzón. Ahí está, escondido, con las dificultades propia del paso del tiempo y el aislamiento tras el abandono del mercado de trabajo por la vejez, acechando, esperando su diagnóstico para engordar prematuramente el crematorio y sin las energías suficientes del titular de esta enfermedad para apuntar al responsable: al empresario. 

    Una putada.

    A falta de rigor en la interpretación de los datos -la sobreexposición a estímulos y la carga de trabajo difícilmente hará madurar una opinión para convertirse en hipótesis, no hablemos ya de tesis-, no yerro mucho si atribuyo este incremento de la accidentalidad a la simplificación documental, la impunidad de los incumplimientos -me gusta más el camino de la sensibilidad y la concienciación, pero hay burros que sólo aprenden a palos-, o los escrúpulos, o la falta de ellos, de un sistema económico que mercantiliza hasta el aliento, más salvaje si cabe cuando hablamos de migrantes. Hay buenos y buenas profesionales en el sector de la prevención, pero ahogados en el sistema que. A merced del postor.

    Evaluaciones como salchichas por SPA, planificación de actividades cuyos recursos apenan alcanzan a marzo, o una vigilancia de la salud indecente porque los resultados de la memoria colectiva no alcanzan más que al consejo de que dejes de fumar, hagas deporte o compres el último libro de Rafael Santandreu; esto es la cotidianidad de los cascos azules.

    Un escenario desolador que arroja este saldo: 826 muertos, 631.724 de accidente con baja y 564.701 sin baja, pervirtiendo aquellas tesis de Frank Bird que, cada jornada, imprime un billete de ida sin vuelta para muchos de nosotros y de nosotras. La vida a precio de saldo; la cuenta de resultados delante de la piel.

    Cuentas y no cuentos. El mesotelioma diagnosticado a José Antonio le vino por limpiar un edificio en Bilbao a merced del tóxico. Óscar, Víctor y Dani no supieron lo que se les vino encima. Y muchos más que están por venir, ya sea por el amianto, la sílice, el fuego o por otras causas. Quédense con una cosa porque esto va en serio: a Josean el amianto le devoró los pulmones porque un desgraciado no cumplió con su responsabilidad. Y los informes preliminares de la empresa que explotaba la mina, concluye que el accidente fue “imprevisible”.

    ¿Te organizas?